
Por motivos de trabajo iba con un viejo amigo a Manta. Él pasa de los 50 años, y su edad es muy importante para esta historia. Me contaba sobre “los Hombres Parados”, el pie grande manabita. Y yo, que he recorrido casi toda la provincia, nunca los había escuchado nombrar.
Me dijo que, cuando era niño y le tocaba ir a la finca de su abuelo, pasando 24 de Mayo, escuchaba el ruido de un mono aullador, pero mucho más grueso y ronco. Los moradores decían que ese era un Hombre Parado: un ser bípedo de varios metros de alto que, cuando muere, se queda parado y luego le crece el monte encima, o se vuelve tierra y se deshace completamente, como si lo cubriera una especie de cal.
Intrigado por esta historia, fui primero a buscar alguna referencia en internet… nada. Nadie sabía nada. Hice una búsqueda profunda con varias IA, pero otra vez, nada. Nadie ha escrito, investigado o documentado el mito de los Hombres Parados. Y bueno, en mi mente pensé que mi amigo me jugó una broma, o que los adultos de la época lo asustaron con alguna mentira…
Un mes más tarde, por motivos de viaje, me tocó recorrer Olmedo. Al salir, nos invitaron a la casa de don Manuel, cerca de Loma Verde. Aparte de nosotros, también tenía visitas: don Agustino y don Florentino.
El trío pasaba de los 80 años, pero sinceramente parecían más fuertes que nosotros. Nos dividimos por edades: los cuarentones por un lado, los octogenarios por otro. Mientras comíamos plátano asado, queso, salprieta y un poco de café, toqué el tema de los Hombres Parados, a ver si mis conocidos sabían algo. Pero nadie daba fe de esa historia… hasta que don Manuel dijo:
“Esas cosas daban verdadero miedo. Cuando caminaban, la tierra temblaba. Eran inmensos.”
Inmediatamente me volteé y fui a reunirme con los mayores.
Me contaban que tenían patas enormes y el cuerpo cubierto de pelo grueso. Tanto don Manuel como don Florentino habían visto a uno muerto, y discutían sobre su tamaño.
“Esa cosa medía 3 metros”, insistía don Manuel.
“No, eran 5”, le replicaba don Agustino.
En cambio, don Florentino —después de servirme un cupito de currincho— me dijo que él nunca los había visto, pero sí los había escuchado y sentido. Contó que olían a perro mojado, y que la última vez que los escuchó fue hace más de 40 años.
Según los tres amigos, los Hombres Parados vivían en las lomas y cerros entre 24 de Mayo. Su caminar hacía temblar el suelo. Su grito parecía el de un mono con voz ronca, aunque rara vez emitían sonido. Cuando los sentían, primero llegaba el olor, luego se escuchaban las pisadas. Nunca vieron a ninguno vivo, pero sí observaron a un par muertos. Estos estaban envueltos en una especie de tierra salada y luego se disolvían. Su tamaño variaba entre 3 y 5 metros de altura.
Así que esta leyenda requiere más investigación. En enero del 2026 estaré dando una vuelta por el sector para investigar más sobre estos seres y ver si encontramos algún vestigio de su existencia.
