
En pleno auge del rock ochentero, el 19 de septiembre de 1985 marcó un hito en la historia de la música popular. Ese día, Dee Snider, vocalista de la banda de heavy metal Twisted Sister, se presentó ante el Comité del Senado de Estados Unidos para defender la libertad artística frente a un intento de censura promovido por el grupo Parents Music Resource Center (PMRC).
La PMRC, formada por padres y madres preocupados por el supuesto contenido “obsceno” en la música popular, buscaba implementar un sistema de clasificación y advertencias para discos con letras consideradas violentas, sexuales o inapropiadas para jóvenes. Entre los temas señalados estaba el éxito de Twisted Sister “We’re Not Gonna Take It”, listado junto a otras canciones bajo la llamada lista de las “Filthy Fifteen” (“Las quince sucias”) del grupo.
Frente a senadores y representantes, Snider tomó la palabra con una mezcla de sinceridad, firmeza y humor. Vestido con su estilo característico de rockero, explicó que su música había sido malinterpretada por quienes no comprendían el mensaje real de sus letras. Señaló que “We’re Not Gonna Take It” no promovía violencia, y defendió que la música debía ser interpretada con libertad, en lugar de ser juzgada por su apariencia superficial.
Snider también defendió otras canciones acusadas, como “Under the Blade”, aclarando que las interpretaciones de temas como sexo o violencia que la PMRC les atribuía eran erróneas. Durante su intervención, explicó que él mismo era un hombre de familia, cristiano, sin hábitos destructivos, y que sus letras estaban destinadas a transmitir ideas de fuerza, unidad e individualidad en lugar de incitar conductas nocivas.
Junto a Snider también testificaron músicos como Frank Zappa y John Denver, todos en contra de lo que consideraban un intento de censura disfrazado de protección parental. El resultado directo de estas audiencias fue la adopción del famoso sello “Parental Advisory” que hoy conocemos —una advertencia sobre contenido explícito— en lugar de prohibiciones o restricciones legales que hubieran limitado la difusión de música en Estados Unidos.
Aunque en su momento muchos rockeros se sintieron aislados y algunos incluso vieron afectada su carrera por tomar una postura tan pública, Dee Snider ha recordado en años recientes que su decisión de hablar ante el Senado fue crucial para proteger la libertad de expresión artística y evitar que las leyes coartaran la creatividad musical.
Este episodio no solo dejó un legado en la música rock, sino también en la historia cultural estadounidense: la defensa de la expresión artística ante intentos de censura institucional.
