
En Manabí, la comida no solo alimenta el cuerpo, también guarda historia, trabajo y memoria.
Hoy vamos a descubrir de dónde nace uno de los platos más representativos de esta tierra: la tonga manabita.
La tonga no nació como un plato típico. Nació como una necesidad.
En los alrededores de Chone, cuando no existían loncheras ni recipientes para llevar comida, los trabajadores del campo necesitaban una forma práctica de alimentarse durante largas jornadas.
La solución fue simple y sabia: usar la caña guadúa como contenedor, y dentro de ella, la comida envuelta en hoja de plátano. Esa era la tonga original: cualquier comida que pudiera llevarse y conservarse. Arroz con atún Arroz con huevo frito Comida sencilla, hecha para resistir el día
Con el tiempo, en Chone, la tonga empezó a cambiar. Ya no era solo comida para aguantar el trabajo, sino una comida más completa. Aparece el maní, ingrediente esencial de la cocina manabita, el maduro, y una preparación similar a un seco de pollo o gallina criolla.
Esta historia no está escrita en libros. Vive en la memoria de las abuelas. Hay quienes aprendieron a hacer tonga en Paján, pero sus madres la aprendieron en Chone. Así viajó la receta: de boca en boca, de cocina en cocina, de generación en generación.
Años después, Rocafuerte se convierte en uno de los lugares más reconocidos por la tonga. No porque ahí haya nacido, sino porque ahí se perfeccionó, se volvió constante, y se transformó en un símbolo gastronómico.
QUÉ ES REALMENTE UNA TONGA
En su esencia, la tonga es comida envuelta en hoja de plátano. Pero en Manabí, esa simplicidad se convirtió en identidad. La tonga nació del trabajo, creció con el campo, y hoy sigue viva en cada mesa manabita. Porque en Manabí, la comida no solo se prepara… se hereda.»
