En los últimos años, la inteligencia artificial ha comenzado a ocupar un lugar visible en la publicidad y el entretenimiento. Sin embargo, los recientes comerciales de Coca-Cola realizados con apoyo de IA han generado más críticas que elogios debido a su baja calidad visual. Esto ha llevado a una pregunta inevitable:
¿cómo es posible que una de las marcas más poderosas del mundo produzca piezas tan cuestionables?

La duda cobra más fuerza cuando se observa que estudios independientes, con muchos menos recursos —como Tilapia Producciones y otros emprendimientos creativos— logran resultados visuales de alto nivel combinando actores reales, CGI e inteligencia artificial. Con menor poder de cómputo, menos personal y presupuestos limitados, estos estudios utilizan la IA como una herramienta complementaria, logrando efectos especiales y retoques de gran calidad.

Entonces, ¿por qué Coca-Cola no?

Cuando el error parece demasiado evidente

Una posible respuesta es que el objetivo no era la calidad, sino la conversación. Durante varios años, los comerciales de Coca-Cola fueron correctos pero poco memorables. En cambio, sus campañas recientes —criticadas por su “mala IA”— lograron algo que no se veía desde hace tiempo: que se hable de la marca de forma masiva.

El foco del debate dejó de ser el producto y pasó a ser el comercial, la tecnología y lo “mal hecho” de la IA. En términos de marketing, la estrategia funcionó: dos años consecutivos de piezas polémicas devolvieron a Coca-Cola al centro de la conversación pública.

Y no es un detalle menor que, en medio de este ruido, quedaran en segundo plano los debates sobre salud, cada vez más presentes alrededor del consumo excesivo de bebidas azucaradas.

El miedo a la IA en los pequeños negocios

Este fenómeno tiene un efecto colateral importante. Muchos pequeños negocios y emprendedores, que no cuentan con presupuesto para grandes producciones con CGI o actores profesionales, ven en la IA una oportunidad real para competir. Sin embargo, al asociarse la inteligencia artificial con resultados “malos” o poco creíbles, se genera desconfianza.

El resultado es un retraso en la adopción de estas tecnologías por parte de los pequeños, lo que da un respiro a los grandes estudios, a la industria tradicional y a ciertos sindicatos, mientras la IA sigue siendo vista como algo inmaduro o riesgoso.

Pepsi y un ataque directo, no casual

En este contexto entra Pepsi, fiel a su estilo histórico de reaccionar al momento exacto. Su respuesta no fue sutil: el uso del oso, uno de los símbolos más reconocibles de Coca-Cola, convierte la campaña en un ataque directo, no solo a la marca rival, sino al enfoque tecnológico que estaba usando.

Pepsi plantea un mensaje claro: el CGI tradicional, hecho por humanos, sigue siendo superior. Al hacerlo:

  • logra que se hable de Pepsi
  • desacredita el uso de la IA
  • y refuerza la idea de que lo “artificial” todavía no está listo

No se trata solo de competir con Coca-Cola, sino de desvirtuar la IA como herramienta creativa accesible, especialmente para quienes no pueden pagar grandes producciones.

Un cambio de conversación conveniente

Tanto Coca-Cola como Pepsi, desde estrategias distintas, logran un efecto similar: desplazan el foco del debate. En lugar de hablar de azúcar, consumo excesivo o problemas de salud asociados a estos productos, la conversación gira en torno a comerciales, tecnología, estética y polémica creativa.

La publicidad deja de vender bebida y pasa a vender espectáculo, discusión y memoria colectiva.

Una lectura posible

Más que errores creativos o simples coincidencias, estas campañas podrían responder a estrategias calculadas: generar ruido, frenar la adopción acelerada de la IA y ganar tiempo mientras los grandes jugadores siguen desarrollando estas tecnologías en silencio.

Mientras tanto, los pequeños —que ya podrían competir en narrativa y estética— dudan en dar el salto.

La pregunta queda abierta:
¿estamos viendo malas decisiones creativas… o una pausa estratégica que beneficia a quienes siempre han dominado la industria?

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