En medio de la gran sequía que azotó la zona norte de Manabí, cuando la tierra estaba seca y el ganado moría de sed, don Ermeregildo vivió un hecho que cambiaría la historia de su pueblo.

Una vaca perdida apareció con las patas cubiertas de lodo, en una tierra donde no había agua. Intrigado, inició una búsqueda que lo llevó hasta lo alto de un cerro. Exhausto, se quedó dormido… y en sueños, la Virgen María Inmaculada se le apareció para revelarle el lugar donde brotaba un afluente escondido.

Desde entonces nació la peregrinación y cada 8 de diciembre la comunidad celebra este milagro que marcó la fe y la esperanza en tiempos de sequía.

Una leyenda de Manabí que sigue viva en la memoria del pueblo.

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